Cuando fue que tuviste una buena idea? ¿Cómo intentaste convencer al resto? La influencia es una de las habilidades más necesarias dentro de las organizaciones, especialmente si tratamos con personas más experimentadas. Sin duda, una de las habilidades que más nos pueden ayudar a la hora de convencer al resto (influenciarles) es la capacidad de ponernos en el lugar del otro. Esta capacidad la denominamos empatía.
¿Cuántas veces le ha dicho a sus subalternos qué es lo que espera de ellos, sin conseguir resultados?
Lo anterior tomado del sitio http://www.gestiopolis.com/dirgp/adm/comunicacion_organizacional/ nos hace pensar, por muy lógico que parezca, que no es frecuente ponerse en el lugar del otro.
La interferencia en materia de comunicación entre jefes y subordinados al exigir cumplimientos y ejecutar órdenes pasa por el tamiz de no intentar saber cuanto podemos esperar del otro y de qué manera podemos lograr nuestro objetivo
Personas que por sólo tener un simple cargo ya se sienten dueños absolutos y con derecho de maltratar a sus semejantes. Confunden responsabilidad y exigencia con respeto, decencia y educación elemental. Cuantos entuertos se solucionarían de inmediato si la comunicación se basara en el diálogo respetuoso de indagar en las causas del incumplimiento de una tarea, en la sugerencia de cómo hacerla mejor o sencillamente en demostrar que se ha fallado y que se brinda una oportunidad para subsanar el problema.
Lucia Mendizábal, especialista en Dirección de cambio y autora en el sitio referenciado de uno de los artículos nos dice “Por mala suerte, hemos experimentado relaciones de trabajo con personas deshonestas, mentirosas, aprovechadas, sin empuje o conformistas.
Pero el que hayamos trabajado con este tipo de gente no necesariamente significa que TODA la gente sea así. Si usted cree que la gente que busca la calidad y que se auto impone estándares altos son la excepción en lugar de la regla, está predestinado a perpetuar sus frustraciones”
Aún cuando pretendemos escuchar correctamente, es común que, si queremos influir, caigamos en patrones de pensamiento que conducen a comportamientos erróneos. Esos patrones nos llevan a preguntarnos
¿Qué puedo hacer para que esta persona haga esto?
¿Cuál es el argumento más persuasivo que puedo darle?
¿Cuál es la mejor forma de expresar verbalmente mi requerimiento?
¿Debería probar mi discurso con alguien más?
¿Ayudarán las amenazas?
Hágase estas preguntas frecuentemente si usted tiene sobre sus hombros una responsabilidad, si no la tiene, no está de mas que las retenga para cualquier oportunidad que le puedan hacer falta